14 feb 2012


Parte 3 
GILDO Y SU PASIÓN POR EL DEPORTE

“Gildo era hijo de un modesto hogar, compuesto por una buena y hacendosa mujer, tres hermanos varones, y que su padre, un ex combatiente de la guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia, solía trabajar la tierra como agricultor, donde tenia algo de ganado también, dice que era muy conocido en la zona este hombre, por que era el único que tenia un camión, para transportar los productos cultivados de su chacra y de las vecinas, a los centros poblados, por aquellos polvorientos caminos, donde las huellas de los carros y sulkys hacían mas difícil sus viajes, “Palillo” se detiene en su búsqueda me mira fijamente por un momento y como en una confesión con sus ojos húmedos, me afirma que el niño Gildo paso por muchos trances dolorosos y también económicos, luego de la temprana perdida de su padre, pero que a pesar, siempre tenia un chiste o una sonrisa dado su buen carácter.

Al encontrar unas antiguas fotos Kodak color, las sostiene con sus manos venosas y las mira como sumergiéndose en ellas, en un tiempo que ya fue, pero donde él no quiere dejar de pertenecer y mucho menos que se pierda en los pliegues del olvido de la historia provincial, me dice con voz emocionada casi sin mirarme: la “pelota” Crivisqui… la pelota! esta es la clave de casi todo, fue en un “picadito” donde lo conocí, era un niño bien formado, cara redonda, ojos brillantes y transparentes por los cuales se podía ver si su alma estaba alegre al compartir unos “tere” con sus amigos, eufórico como cuando lideraba a su equipo en la cancha o con aquella inmensa tristeza de haber perdido a su padre. Este hecho seria el primer gran golpe en la vida de Gildo, luego vendría uno tal vez peor, para el cual nadie esta preparado, la muerte de un hijo, pero este trágico hecho pasaría muchos años después, ya gobernado su provincia y será parte de otro capitulo de esta historia.



Me relata Don “Palillo” Romero que para Gildo era un obsesión el deporte, Fútbol o  Básquet, que el solo pique de la pelota lo transformaba y lo ilusionaba, era un chico que sabia transmitir y contagiar entusiasmo, era un ser simple, sencillo, sincero, bromista, con el calor y la humildad de los auténticos triunfadores, era buen alumno en la única escuelita de Laguna Blanca cuyo director era un maestro Riojano que inspiraba a aquel puñado de niños campesinos con sus charlas y relatos.

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